Porque no me queda otra


Porque no me queda otra

Hoy, como tanta gente, también yo iba a hablar de la política. Así, en general. Pero ya lo dijo el marido de YokoOno, la vida es aquello que te pasa mientras estás ocupada haciendo otros planes, y a mí me pasó dijo mi madre.

Así que yo hoy iba a hablar de la política. No solo para mostrar al mundo que sigo todos los asuntos estatales sin excepción (que no es verdad) y no pierdo detalle a los acontecimientos de la política internacional (que tampoco es verdad). No, no solo iba a mostrar todo esto sino que hubiera desarrollado un análisis profundo, detallado y brillante por novedoso sobre la situación global (que por todo lo anterior tampoco puede ser verdad) y hasta hubiese ofrecido alguna solución igual de ambigua y general como suenan todas, pero entonces llegó mi madre de visita y ya me es físicamente imposible seguir adelante con mi plan original.

Porque mi madre lo ocupa todo. Es grande, es luz, y tiene respuesta para casi todo, por no decir para todo. Por ejemplo, tú le dices un día cualquiera, como lo hice yo hace unos años: “No sé qué hacer con mi vida, si decidir por una carrera en un banco, con empleo seguro, dinero estable y novio en traje de Hugo Boss y que prefiere sexo convencional, o seguir mi corazón, darle rienda suelta a mi pasión y ser profesora de biodanza, vivir en una caravana dándole vueltas al mundo y tener cuatro hijos con un hombre barbudo, vegetariano, practicante de sexo tántrico y que desaparece de mi vida y vuelve a aparecer dependiendo de las fases de la luna…”.

“Hija mía, la respuesta está en ti,” respondió mi madre con heroica calma y me sonrió con dulzura.

Y así hice. Busqué en mí y elegí mal, pero, bueno, este es otro tema.

“No sé cómo ayudar a mi amiga que tiene problemas con alcohol, se ha quedado embarazada de su vecino de 55 años y su hijo adolescente se ha metido en drogas…,” le expliqué un poco más tarde, en una noche de luna llena (porque estás cosas se ven mejor con la luna llena y con una copa de vino en la mano), para comprobar mi teoría que se había vuelto loca.

“Vida mía, la respuesta está en ella,” dijo mi progenitora con calma, sacó un bizcocho recién hecho del horno y me lo cortó en trozos pequeños. Y efectivamente, se había vuelto loca, constaté. Porque mi madre no ha sido siempre así. Trabajó durante casi 20 años de funcionaría estatal en el Ministerio de Asuntos Interiores y su frase habitual al volver a casa de la oficina fue: “¡Qué estúpida es la gente! Yo no puedo trabajar en un Estado lleno de inútiles”. Antes del ministerio trabajó en sector empresarial siendo la directora de una librería y luego de una cadena de tiendas electrónicas. También aquel entonces su frase más repetida al llegar a casa fue: “¡Qué estúpida es la gente! Yo no puedo trabajar en un lugar lleno de inútiles”.

Y entonces se jubiló. Y todo cambió. Porque ella cambió del todo.

Ahora tiene estrellas en los ojos, lleva flores rojas en el pelo blanco y habla con una voz aterciopelada. Parece un hada sacada de un cuento. Nada es demasiado grave, nada es demasiado serio para sufrir y guardar la sonrisa ante la grandeza y maravilla de la vida. Si puedes cambiar las cosas, cámbialas, sino acéptalas y sigue danzando con la vida.  Sí, habla igual que Rumi.

“Corazón mío, todas las respuestas están en ti así que sé buena contigo misma, hónrate, ámate bien, con ternura, y cambiarás el mundo”, les dice a cada amiga y cada conocido que le cuenta su vida, sus problemas en busca de una pócima mágica en su oficina improvisada de ayuda en una casa de campo.

Y aunque la gente a veces protesta y tilda su actitud de pensamiento positivista que hace más daño que bien (por lo de la ideología hegemónica de un individualismo exagerado, por lo de obviar las injusticias, los crímenes, las estructuras opresoras y cargarnos con toda la culpa por nuestra situación de desigualdad y de desventaja como si la opresión, el colonialismo, el sexismo y el racismo no existiesen ni tuviesen consecuencias reales ni culpables con nombres y apellidos), en el fondo esta frase, ese tipo de pensamiento nos hace sentir poderosas.

La respuesta de mi madre suena bien, sí, pero les advierto que en momentos de crisis no ayuda. No sirve para calmar el ansia político, la rabia colectiva o la desazón económica de manera instantánea. No nos soluciona la vida porque es demasiado filosófica y espiritual, por lo tanto exige tiempo, mucho tiempo para el trabajo interior, exige paciencia y fe en una misma para ponerse en marcha, para poder ver sus resultados. Y todo esto apenas tiene cabida en nuestro mundo de prisas, de palabras duras, cinismos y soluciones militares.

Se lo he dicho a mi madre varias veces, frustrada, impotente, pero ella sigue mirándome con amor, con calma y repite que la respuesta está en mí y se retira a meditar.

Hasta que en esta visita por fin la comprendí del todo. La respuesta está en mí significa nada más ni nada menos que la revolución empieza en una misma. Quiero un mundo distinto, entonces tengo que cambiar mis hábitos, mis pensamientos, mis maneras de hacer, de estar, de sentir y es desde ahí donde tengo que trabajar y luchar por este mundo mejor. Desde mí misma.

Porque puedo, porque debo.

Porque no me queda otra.